viernes, 5 de noviembre de 2010

link del video

http://www.youtube.com/watch?v=A67jtK9wHCE

DESEO

Un monje fiel debería repetir que el verbo era Dios, pero este monje no era como los otros, este no podía dar testimonio de que lo profesaba en su vida contemplativa, era totalmente orientado hacia la justicia, quizá no era capaz de dejar los cabos sueltos de tan confusos acontecimientos y empeñado en su meta, decidió investigar por donde sabía que podía: por los ciertos retazos de las conversaciones que mantuvo con los abades de los monasterios los que le permitieron conjeturar la índole de la naturaleza divina de la vida contemplativa.

Así el monje comienza a narrar en esa compleja trama que se había introducido….

“Para comprender mejor los acontecimientos tal como entonces lo comprendí, fui testigo de hechos dignos de ser registrados para memoria de los que vengan después”

Yo sabía que buscaba, movido sólo por el deseo de la verdad, y por la sospecha, una pasión del alma, un alimento inadecuado para el alma racional, cuyo único sustento debía ser la verdad, ¡yo habría sospechado de sus hábitos sombríos! pasaba todo el día entero en la gran sala de la biblioteca aparentemente sólo por placer; es probable que haya dicho cosas incoherentes para registrar desde el principio la incongruencia de las impresiones que entonces me produjo.

Aproveché esta circunstancia, en parte por ocio y en parte por el deseo de aprender; “un buen cristiano puede aprender a veces incluso de los infieles”, entregándome a una vida libre y desordenada, donde debía pensar cosas que se contradecían entre sí, no sólo debido a mi elocuencia y a la agudeza de mi mente sino también por la forma superficial de mi cuerpo, al que miran con entrañable afecto observando los gestos y las muecas de disgusto y espiando las sonrisas, sin que la menor sombra de lujuria contamine este tipo de amor corporal, de modo que no debes inquietarte porque aún no existan, pues eso no significa que no existirán.

Por eso me dispongo a dejar constancia sobre los hechos asombrosos y terribles que me fue dado presenciar.

Mi maestro de viaje no fue un hombre, me perdí en el abismo sin fondo de la divinidad desierta y silenciosa de Pisa, ese era su nombre. Pensé que nuestros cuerpos tenían ya el tinte gris y mortuorio, juntos no pudimos llevar una vida, de ella sólo queda su alma, si la evidente sobriedad que regía sus costumbres no me hubiese obligado a desechar la idea, habría sospechado que me encontraba bajo el influjo de alguna sustancia vegetal capaz de provocar visiones. En aquella ocasión aparecía en sus ojos una expresión vacía y ausente, Así, pues, la apariencia física desapareció.
Creo que la iglesia cometió un error, preservar la virtud y la pureza yo no lo hice, nunca conocí un hombre más cruel que yo, estaba en peligro mi vocación y no quería complicidades.
En el gran y viejo libro de la sabiduría para la iglesia, es probable que se nos enseñen conversaciones falsas y seguir “una línea recta”

Con el tiempo me di cuenta que la verdad es mentira.