Según Pribram, el éxito mundial y la envergadura planetaria de este paradigma se debe a que su formulación responde a una necesidad del espíritu humano en estas coordenadas espacio-temporales y sociales en las que vivimos. En el modelo holográfico subyace un hambre ontológica de unidad, de totalidad, de holismo, por emplear una palabra ya acuñada. El paradigma holográfico sugiere que la dinámica de la vida es no-lineal, de modo parecido a los sueños, a los momentos en que se experimentan emociones fuertes o en los momentos de Iluminación, en los que, en un instante, comprendemos cosas que de otro modo hubiera necesitado horas y horas de paciente trabajo.
La no linealidad del estilo de vida asociado con la idea de holograma es percibida como si fuera una tabla de salvación para el ser humano hambriento de unidad ontológica, de totalidad. Además, permite ser creativo pues va más allá de los límites esquizoides de la noción de karma o ley de causa y efecto, que ilustra como nada la linealidad en ese proceso que llamamos vida para sustituirlo por un esquema reticular de relaciones y vínculos entre acontecimientos que forman una red, en la que varias "causas" pueden tener un efecto común y una causa puede dar lugar a varios efectos distintos. Esto amplía nuestra visión del mundo y la hace más incluyente, más global, a la vez que nos hace más responsables al hacernos conscientes de toda una red de individuos y acontecimientos que se interdetermina en todo momento del tiempo.


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